domingo, 26 de agosto de 2012

Héroes que van al super

En la cola interminable de hormigas parlantes; semi recostada en el carrito mientras me encuentro en la agonía de la espera por pagar aquello que debo consumir, desearía poder teletransportarme hasta casa con el carrito incluido. Las bolsas pesan una enormidad, y la cajera tiene cara de no haber consumado sus relaciones hace bastante: ahora quisiera ser invisible y levantar las cosas con la fuerza de un dedo. Quisiera ante lo mundano y fútil de mi existencia en este fucking supermercado trasnacional ser una superheroìna.
Quisiera por un momento hacer como estos tipos que el imaginario colectivo inventó, y unos suertudos patentaron. Quisiera salir vestida completamente en un cómodo traje de plástico ridículo sin que nada, ni nadie me importune. Quisiera luchar por lo que está mal o llevarlo hasta el infinito cuando las circunstancias lo justifiquen. Quisiera ser uno de esos seres especiales, aunque humanos; que no hacen la diferencia sólo cuando dan el asiento en el colectivo. Quisiera salvar millones, quisiera ser más, vivir más.
Los super héroes (cuya denominación es marca registrada de Marvel) o héroes; representan a través de sus poderes y sus dones; el leit motiv, las ansias y deseos de muchos mortales. 
Hay quienes desearían ser, muchas veces y en repetidas ocasiones, el Hombre Invisible para verse librados del bochorno o de la presión social de ciertas reuniones, y porqué no para de paso espiar por detrás de los protocolos de lo establecido. Otros como Superman preferirían tener Visión de Rayos X para espiar a las señoritas por debajo de la ropa o ser de a ratos el Hombre Elástico para mejorar la performance amatoria. Teletransportarse cual mutante al mejor estilo de Wolverine puede volverse tentador a la hora de evadir los paros de transporte. Goku, quien adquiere los más diversos colores y formas, engullendo todo lo que lo rodea sin culpa y sin adquirir ni un kilo ni una arruga de más tornándose más joven cada vez, sería sin dudas un caso de estudio para la industria de la estética. Aquellos que vuelan, como Superman; son sin dudas los más envidiados. Volar, sin la necesidad de armatostes ni de hacer el chek-inn en uno de esas molestas rutinas pre despegue en el avión; volar sin mediaciones; a cualquier hora, en cualquier lugar; por la sola voluntad de despegar los pies del suelo es una utopía que en sueños nos visita a muchos. Pero si hay algo que todos los superhombres que nos supimos inventar saben hacer, es en las contradicciones del tiempo, luchar contra lo que se nos aparece como injusto: bajo la capa, los músculos, los sùperpoderes, la ausencia del miedo, y la tecnología de avanzada; hay un tipo con debilidades, sentimientos, y con una historia que lo interpela y lo define (cualquiera sea su origen), como un alguien que un día decidió ser otro. 

Desde Superman y Thor con su historia algo inhumana, Wolverine con sus mutaciones geniales a cuestas, Spiderman, Los 4 fantàsticos, Flash, Hulk y el Capitàn Amèrica que son productos de un experimento científico; hasta Batman que es un simple mortal al que no beneficiaron con sùperpoderes pero supo muñirse de armas con increíbles niveles de tecnología (nota de autora: confieso es mi favorito y no precisamente por ser huérfano, sexy y multimillonario); todos ellos asumieron frente a su historia y frente al curso de la irremediable levedad del ser, el protagonismo de un rol que frente al fruto de nuestras creaciones tuvieron que inventarse. Son hijos de nuestras mismas justificaciones frente a la realidad que nos sacude descarada, a veces como insultándonos y a veces como invitándonos a salir con la capa y escudo a las aceras de la vida.
Me pregunto ahora qué pasaría, si frente a cada incertidumbre, frente a cada vicisitud; en lugar de aguardar a que alguien con una pluma invisible nos dibuje un traje modernoso o por lo menos nos muna de una dosis de paciencia inverosímil; tomáramos nuestras mejores armas, nuestros mejores y humanos sùperpoderes e hiciésemos justicia; nos convirtiéramos en el protagonista cada día y tomáramos las riendas de la historia. 
Ser un otro de vez en cuando no debe ser tan malo, tal vez desde la clandestinidad de nuestras conciencias y sin llamar demasiado la atención; tal vez sin los trajes de colores, sin las armas, sin los poderes, en la vulnerabilidad de un yo que quiere dar más de sí, en un intento por ser un superhéroe mortal, con sus virtudes y sus defectos, de ser un superhombre con obligaciones, de convertirse en un héroe que en la cotidianeidad mientras batalla contra los terrenales enemigos se puede hacer un tiempo, hasta para ir al supermercado.

jueves, 16 de agosto de 2012

Los amores imaginarios

Subiendo al colectivo está el galán; ése que se sabe nunca nos va a pertenecer. Se viste maravillosamente bien, huele aún mejor, los zoquetes le combinan demasiado con los mocasines y de seguro es gay. Pero el masoquismo tal vez, o el deseo de nunca ser correspondido hacen que desde que sube en Tribunales hasta la parada en la que se baja una se imagine meciéndose en sus brazos. No lo conocemos. Desconocemos si domina el idioma castellano, si es fronterizo, si le tiene fobia a las arañas, si es pasivo o activo, si usa hilo dental, si es de All Boys o de Chicago, pero allí estamos otra vez flotando en el limbo: es abogado, por eso sube en Tribunales, huele rico y se viste bien porque es de clase media alta, acomodado pero no aristócrata; debajo del saco debe esconder la remera del Che, domina seguro dos, tres idiomas, y nuestros hijos serían bellos, es muy apto para procrear… ¿Para qué nos sirven los amores imaginarios?
Abundan, hasta diría sobran las historias a través de todas sus manifestaciones del arte; (porque sobran las canciones, las películas, las novelas, y hasta las pinturas) en las que el amor triunfa y la chica rica que conoce al chico pobre son felices y comen perdices (que a esta altura del partido ya no sabemos bien qué son pero se las comen)…el ciego recupera la vista, la lisiada se levanta y anda; y el amor y los pajarillos de colores que somewhere over the rainbow vuelan, nos dan un vuelco color de rosa. Cada una de las cuatro mujercitas después de los padecimientos se ubica con un hombrecito y la Bestia por una especie de milagro pierde los pelos, se convierte en un príncipe y conquista a la Bella.
Nos desbordan también las historias que nos dan un bocado más de realidad, con pasión arrebolada; pero no son más que páginas tristes, desgarradoras en las que el amor no solo no resulta triunfante sino que además se jacta de hijo de puta. El chico pobre es rechazado por la chica rica por andrajoso, la ciega pierde los ojos y a la lisiada le amputan las piernas, Romeo y Julieta siguen separados por el fucking balcón y hasta deciden suicidarse de a uno para poder dar rienda suelta a su amor, Quasimodo y Esmeralda no pueden unirse sino en la tumba; y Florentino Ariza alcanza con la punta de los dedos al amor de Fermina Daza pero sólo después de 53 años, 7 meses y 11 días con sus noches; cuando ya está en una edad en la que no pueden dar rienda suelta a sus pasiones.
Las hay trágicas y encantadoras, las hay desgarradoras y maravillosas porque a través de la historia como si sufriésemos de una eterna bipolaridad no se nos enseña los términos medios. Hay puntos blancos, como los hay negros. Más allá está el gris, pero nunca, nunca conviven. No puede en las viñas del señor existir una historia con los matices de los tres. 
Ésta puede ser acaso una invitación a la celebración de las historias que nunca son ni serán. No las historias con punto y aparte; ni tampoco las de punto final. Es una invitación a brindar por los amores imaginarios. Amores que duran segundos, tal vez días, tal vez un mes. Amores de puntos suspensivos. Enamoramientos que carecen de toda lógica cinéfila: no hay un galán que va a comprar a la tienda el mismo disco que la señorita a la que segundos más tarde está besando al ritmo de la canción del disco que, por obra de la misteriosa mano del dios hollywoodense que todo lo puede, eligieron al unísono con sonrisas de dientes perfectos.
Los amores imaginarios son la fantasía cotidiana que desde niño acompaña a quienes se especializan y diría, sin pretensión de rigurosidad alguna, se profesionalizan en el amar al amor. Quienes se enamoran imaginariamente cultivan desde antaño y largamente el culto profético del amor. AMOR entendido al ritmo de los boleros mexicanos que derriten, mientras las manitas tocan los copos de nieve aunque en Buenos Aires haga un clima tropical. El amor entendido como ese algo que algunos nos hicieron pensar que era de a dos. Ése que alguna vez hasta con leyendas griegas de dioses que separaban dos almas y las hacían desperdigar por el mundo con Eolo el viento que, empedernido, quería se volviesen a encontrar si el destino lo permitía. 
No debería sorprender a nadie el que haya en el globo millones de sentipensantes buscando la otra mitad, y completando los espacios en blanco del meanwhile que se llenan desde el primer deslumbramiento. La capacidad de imaginación de quien desea estar enamorado completa los requisitos que según el formulario imaginario de quien desea se candidatee a romperle el corazón en los segundos, minutos o días que dure el hechizo, debería cumplir. Así el amor a la vista puede ser viable, amable, simpático y hasta con aires de intelectual hasta en el momento donde lo imaginado se contrasta con lo real. Lo que en apariencia era soñado, quien en apariencia era Alain Delon con la guitarra de mariachi bajo la ventana recitando Baudelaire en perfecto francés; resulta ser un simplísimo y chato mortal que lo máximo y más interesante que puede esbozar es una idea acerca de las milanesas que se comió a la tarde (con foto incluida) o acerca de cómo empató su equipo el día anterior. 
Los sentipensantes aman la búsqueda por la búsqueda en sí. Aman el instante en que imaginaron en que el ideal podía llegar a ser real. Es discutible el hecho de lo fructuoso que puede llegar a resultar el vivir imaginando pero los amores imaginarios son así. No nos hacen más felices, ni menos mortales; nos caracterizan, nos significan y le dan sentido a una palabra que muchos esbozan y hasta en muchos idiomas, vaciándola de contenido: la palabra amor. Los amores imaginarios son entonces la calma al deseo de ser mucho más que uno en un mundo donde cada vez màs se nos enseña a la distancia a relacionarnos por separado. 
A pasos de distancia, a la vuelta de la esquina el amor puede esperarnos; para que en un parpadeo vuelva a desaparecer. Imaginemos. Qué más da!

Publicado en Revista Clarimonda: http://clarimonda.mx/edicion-33-especial-9-aniversario/

domingo, 1 de julio de 2012

Despierta Paraguay!!!!

Como en una película de terror, Paraguay vio hace ya un par de siglos truncar el sueño que devendría en una larga y horrible pesadilla. Antes de la Guerra de la Triple Alianza, en la que gustosamente las élites cipayas locales, conjuntamente con las de Brasil y Uruguay, contribuyeron en complicidad con los intereses por siempre colonialistas de Gran Bretaña; Paraguay era un edén entre las venas abiertas de una América Latina que no paraban de sangrar ante los avances imperialistas: con niveles de analfabetismo nulos como resultado de políticas de educación obligatoria y gratuita, sin deuda externa, sin desempleo, con políticas económicas que, a la vanguardia, desarrollaban un estratégico proteccionismo al resguardo de las industrias nacionales. Para cuando la nación comenzaba a abrir los ojos en un intento por disfrutar del paraíso, los intereses británicos contrapuestos desatarían el horror.
Durante seis años (de 1864 a 1870) lucharon estoicamente en una batalla por lejos desigual. Lucharon empuñando palos contra las armas de los enemigos. Lucharon los ancianos, lucharon las mujeres y lucharon los niños. La guerra vio ensombrecer al pueblo que había sabido brillar en su máximo esplendor; y cuando estaba comenzando a despertar le asestó una bofetada de la que recién se estaría comenzando a despertar.Con el exterminio del 60% de la población; la deportación como esclavos de unos tantos y las muertes por la epidemia que había dejado como consecuencia la guerra; la pesadilla había cobrado vida.
Harían lo suyo décadas infames (sin ser estrictamente literal) de largas y penosas dictaduras que acallaban aún más las voces los paraguayos que habían sabido ser tan libres. Ahora eran pocos y pobres y deberían soportar con el sudor de su frente los embates de los títeres de turno que uno a uno; entronizándose en el poder que lo sabe todo menos gobernar, silenciarían las canciones y las virtudes de una democracia popular que no hablaba el mismo idioma. Vestían las mismas ropas, usaban el mismo lenguaje; pero sus conciencias parecían ser de países lejanos que habían manchado para siempre la bandera de sangre tan colorada como la tierra.
Tras muchos años de desesperanza, del reinado dictatorial de los intereses terratenientes (expropiadores desde los primeros albores), Paraguay comenzó de la mano de Lugo a unirse al sentimiento latinoamericano que hermana actualmente a los países del continente, en un intento por libertarse de las ataduras tiránicas de los grupos económicos de poder que intentan bajo los lemas neoliberales de la defensa del status quo, retornar cual desesperante dèja vu a los tiempos en los que la Operación Cóndor elegía como escenario nuestras tierras. 
Lugo, desde los comienzos de su carrera política, se había declarado partidario del mejoramiento de la justicia, la salud gratuita y universal, y la recuperación de la soberanía energética; embanderándose con tendencias nacionalistas y enfrentándose al propiciar una Reforma Agraria con quienes serían sus principales enemigos, opositores del Partido Colorado. 
Siendo uno de los 2 países más desiguales de Latinoamérica (conjuntamente con Bolivia), y uno de los 10 países más desiguales del mundo, eran de vital importancia las medidas de la distribución de las tierras. Solo el 10% de la población paraguaya es poseedora del 66.4% de las tierras del país, que es junto con Brasil, una de las dos reservas mundiales de agua dulce más importantes del continente. El problema por el acceso a la tierra, se ha visto agravado además por el cultivo en aumento de la soja, que impacta directamente en los precios de las tierras que le hacen aún más dificultoso el acceso a las mismas por parte de los pequeños productores que apenas cultivan para obtener alimentos para su autoconsumo y para el abastecimiento del mercado interno. En un país tan rico es una paradoja criminal que aumenten los campesinos que no pueden acceder a su alimento.
No es casual entonces que los grandes monopolios, con los Monsantos, los Cargill, y las grandes oligarquías terratenientes que inclinan la balanza siempre para el mismo lado; se encontraran a gusto y no muy asombrados con la "destitución" de Lugo. Los sucesos acontecidos; en los que las lamentables muertes de 17 paraguayos, como resultado de la ocupación de la finca de un senador del Partido Colorado y su posterior y consecuente represión (los policías comenzaron la violenta represión que devino con la participación no declarada y estratégicamente disimulada por los medios de comunicación; del Ejército del Pueblo Paraguayo: organización terrorista opositora de Fernando Lugo) desataron la crónica del fin anunciado; donde el 21 de junio del corriente, alegando mal desempeño de sus funciones, el Parlamento Paraguayo aprobó la realización de un juicio político en el que se destituyó al día siguiente al presidente Fernando Lugo.
Si bien insisten desde los sectores conservadores, en caracterizarlo como una medida que dista de ser un golpe de Estado; la asunción de Federico Franco (ejemplar de los colorados) como producto de un juicio injusto (en apenas tres días, sin pruebas ni derecho a réplica alguno), y un gobierno ilegítimo en el que se argumenta que la no sublevación del pueblo lo constituye consentido por el clamor popular; el hecho se inscribe como otra de las páginas de la triste historia de un Paraguay que estaba empezando a levantarse.
América Latina está despertando. El Mercosur por una parte suspendió al Paraguay como miembro, y los países alertas fueron uno a uno sacando a sus embajadores en funciones del país.
El enemigo está cerca; hay que alejar a los fantasmas del pasado y no dejar que regresen.
Lo que nos resta es esperar. Esperar que los hermanos paraguayos despierten también. Que se reconozcan en ésos que supieron ser una vez; en esa Nación que solía ser ejemplo de muchos; en la Nación que solía ser el descanso de tantos; que alcen la vista y luchen con sus manos por la tierra colorada que necesitan hacer suya, que nos alcancen las manos y se unan en este abrazo fraternal que alguna vez le supimos negar. Paraguay nos necesita, no lo desoigamos.

domingo, 20 de mayo de 2012

Algo viejo, algo nuevo, algo azul?



Amaneces todos los días a la mañana, a la misma hora, desayunas lo mismo, el mismo apuro, el mismo tic- tac, subes al mismo transporte en la misma esquina, para llegar al mismo trabajo en el que te espera la misma gente; con la misma cara, las idénticas órdenes y la misma displicencia; sin pensar que alrededor de 7 mil millones de personas en el mundo están haciendo las mismas cosas, al mismo tiempo, con el mismo impulso, también sin pensar. Me pregunto entonces si habrá entonces posibilidades de cambiar el curso de las cosas; si será que de repente podamos levantarnos un buen y definitivo día en que los problemas se derritan como en la canción, como gotas de limón.
¿Hay algo que quede por inventar? ¿Realmente estamos eligiendo lo que en verdad queremos elegir; son opciones las que se nos presentan diariamente o son simplemente directrices del rumbo que desde algún punto macabro "unos tipos" quisieron hacernos caminar? Pareciera que sí, cuando cotidianamente desde algún punto esperanzador, los pequeños placeres cotidianos nos acercan a un estado de sopor en el que pareciera que no hace falta pensar; un intenso estado hipnótico en el que el desfile de escaparates en las vidrieras pareciera calmar esa angustia existencial, ese agujero que no tapa ningún pan. 
De acuerdo estamos en que sería triste todos los días percatarnos de que, desde el momento en que nacemos, nuestras posibilidades, como en una película de terror, fueron establecidas. Podemos jugar las cartas de diversas maneras, y alcanzar la mejor mano posible; pero las estrategias ya están previstas de antemano. Nos sentimos libres comprando la tv más grande, el perfume más bonito; y parafraseando al más lúcido Mark Renton, eligiendo quién ser los domingos en la tarde con el culo apoyado en nuestro mullido sillón. Los carteles de las autopistas, luminosos como si rezaran el credo de las mil y un recetas para la felicidad nos invitan a probar los bocados de realidad de una vida de la que solo podemos catar pedazos.
Just do it!, Hazlo chico! Compra la felicidad al alcance de tu bolsillo....nos tornamos cada vez más, mientras la rueda gira sin parar y al parecer en la misma dirección, en neanderthales sin garrote empuñando androides que reemplazan las humanas conversaciones que antes solían entretenernos. Tergiversamos palabras, malentendemos mensajes, entendemos cada quien lo que quiere entender. Todos estamos ocupados, sin saber para qué. Desvariados caminamos disfrazando las caras largas con el maquillaje que simula sonrisas y rodeándonos del arte que borra el ocaso de lo bonito. 
La soledad descansa todos los días sobre los teclados de millones que han desdibujado la compañía de los amigos, que le sacaron la magia, que reemplazaron los abrazos por emoticones vacíos y frases copiadas de la puerta de algún baño público. Antes la soledad era la simple ausencia de compañía. Hoy a la pobre la han hecho esconderse nuevamente en el placard. Con acceso a la web; todos parecieran devenirse en falsos Roberto Carlos; porque al mejor estilo del ganador al millón de amigos; todos apuestan. Apuestan acumularlos en sus perfiles, como si fueses piezas de un ajedrez del sinsentido. Están ahí, boyando en los límites de la sinrazón. De algunos nada se sabe, nada se recuerda, todo se ignora. El "todo bien" por respuesta reemplazó a la inabarcable cantidad de historias que surgían de los espíritus exaltados. Se les escapaban de la lengua, y brotaban por doquier frente a cualquier encuentro. Todo se burocratizó. Para ser amigo deben aceptar primero una solicitud, completar un par de preguntas, y diplomáticamente indicar que estás de acuerdo en algo que le gusta a un don nadie que tienes ahí cada tanto tiempo. Las relaciones dignas de una película de Fellini, con los platos voladores de porcelana, el llanto desgarrador y todo son reemplazados por un paradójicamente simple: "es complicado" al describir la relación con un estilo no muy distinto al utilizado al completar un formulario de alguna entidad bancaria. La red tiende a nuclearnos en el desamor, en la falta; la red es motivo del deseo, lo alimenta, nos hace vulnerables. Nos engañamos, cerramos los ojos, otra vez se nos abre un mundo nuevo; desde la comodidad de nuestras casas, en el anhelo de descansar nuestras mentes, de abrigar nuestras culpas, de evadir responsabilidades, de sumar egos. Queremos todo lo que no podemos tener; y eso nos hace seguir conectados; descuidando a la distancia aquello que tenemos más cerca. En las palabras, en cada click se nos escapa un beso; un segundo compartido: corremos en círculos buscando evadir el ocio de lo que antes solía divertirnos y que nos paraliza ante la búsqueda de la humanidad que de seguro no encontraremos detrás de una pantalla; ante el estupor que nos produce el encuentro, el desencanto, el desamor, el desapego, el miedo; que son las delicias que nos llevarán a lo que nos hacía sentir humanos, a sentir con todas las letras con lo que eso implica: con las pasiones que hay que desenfrenar, con los encuentros que hay que sobrellevar, con el peso de cada adiós, con la satisfacción de cada hola, con la esperanza de cada abrazo. Si no hay nada nuevo que inventar, nuestras vidas debieran ser al menos, una invitación al asombro, un empujón al no sé, y por sobre todas las cosas, una diaria y cotidiana posibilidad.

miércoles, 18 de abril de 2012

Bésame mucho

¿Es el amor romántico un invento de Hollywood? ¿Existe en verdad éso que algunos pensamos alguna vez como el amor ideal?, y en tal caso si existe; ¿es ese amor ideal lo que en realidad ocultan nuestros más recónditos deseos?...
Seguramente el amor romántico (aunque con cierta tristeza lo reconozco) sea un invento...pero por supuesto no por éso el amor romántico sea menos real, porque existe en tanto y en cuanto una parte nuestra; con añoranza y estima infantil, algo cursi, algo naiff tal vez; sigue imaginando que como reza la canción "Somewhere there´s a someone for everyone".
Los encuentros ingeniosos, los "chico rico encuentra a chica pobre"; los boleros desenfadados de amores en los que los besos equivalen a mil campanas parecieran estar en extinción. Es por éso que no debiera llamar la atención que con la liquidez y la estrechez de las relaciones virtuales donde el "face to face" se reemplaza por el "hablamos por face"; los románticos de la vieja ultranza que hemos crecido por las décadas de las décadas, amén! viendo a "Glenn Ford" cacheteando a "Gilda"; a "Meg Ryan" y "Tom Hanks" escuchándose por radio y mandándose mails, no entendamos la cotidianeidad de una "Lucy" que no encuentra a su "Ricky Ricardo". 
Si el amor real fuese como el que nos inventamos; la realidad es que tal vez debiéramos enamorarnos unas 345 veces al año. Difícilmente sea sostenible un idilio constante; un mar de millones de fuegos artificiales diarios, donde todo nos sorprende. Cómo sostener en el tiempo el romance; cómo hacer de lo cotidiano una lucha contra la cotidianeidad; cómo encontrar a quien parafraseando a García Marquez "se case con nosotros si no comemos berenjenas" y lo sostenga los 365 días del año a nuestro lado sin estallar algún día y finalmente obligarnos a comernos el vegetal. 
Por otro lado, no hay sino desventuras, en las historias de pasión de la literatura: siempre hay un balcón en medio de los Romeos y las Julietas; siempre se está la espera, abundan los kilómetros de bufanda que parecieran nunca terminar, la muerte le gana prontamente a la vida, la angustia, los viajes, el fin, porque el no alcanzar al ser amado ideal es lo que más se asemeja a la muerte de nuestros deseos.
Pero entonces; ¿cuál es la forma que adopta el amor romántico hoy? Como diría el excelentísimo Alejandro Dolina; uno no ama a la persona de sus afectos a sabiendas de que es para toda la vida. El: "para siempre", el: "eternamente" es una cuestión de elegancia al escribir; porque sería por demás de mal gusto decirle al ser amado "te amaré hasta que me aburra". Personalmente me gusta pensar que, si bien hay cierto indeterminismo (porque se puede ser (se debe) artífice del propio destino); y la rutina hace que esa persona que inicialmente nos interpela, nos sacude, nos invita a ser mejores, a superarnos, nos gusta; pierda la magia del primer instante; por otro lado, el amor real, ése que se aleja de las películas; porque los besos no saben siempre a caramelo, ni las risas suenan como música; aunque a veces pierda la fuerza, es un acompañar constante. Es un largo y arduo camino de trabajo, de concesiones, es un amor más terrenal, más sano a veces, más dañino otras; pero es el amor en fin. Los colores, las luces, las canciones, un compartir; pueden embellecerlo más, y recordarnos de a ratos, lo que nos hace sentir como niños y lo que se siente cuando las mariposas eligen para dormir la panza.

lunes, 9 de abril de 2012

Abril 2


A 30 años de una de las heridas más profundas de nuestro pueblo; es difícil no caer en el mero análisis histórico de los hechos. Es difícil no caer en la trampa de los academicismos; es difícil no preguntarnos por los términos de soberanía, por las motivaciones políticas; por las causas, las consecuencias. Es arduo tratar de ignorar las cifras, de no mirar las estadísticas. Es difícil, no imposible; por éso trataré de hacerlo. Trataré de dejar en claro que no había nada más que intereses nefastos en la cabeza de aquellos que se propusieron un día enviar a la muerte a miles de jóvenes que se embanderaban con distintos colores, pero que tenían el mismo fatídico destino; lo que sea que les haya nublado la vista, en esta historia de piratas que se lanzan a la conquista de islas en apariencia de ensueño desde siempre lejanas, no alcanzará para justificar tamaña desgracia.
"Las Malvinas", "The Falklands" son en esencia lo mismo. Son el grito de una tierra que necesita oirse. Que necesita olvidar tantos fríos que ni con el calor de mil goles pudieron ser acallados. Que necesita calmar el llanto de aquellos pocos que debieron llenar las botas en nombre de unos cuantos; pero por sobre todas las cosas, necesita que no se olvide para sanar.

"La guerra y la paz"

Suspiras; y el hondo pesar de
tu alma reposa
/y la lombriz, que la cabeza
bajo la tierra esconde
admira el verdor de un trébol, que
aún vive.
¿Tiene cuatro hojas?
no lo sé
pero si sé que aún respira la sangre,
de una multitud joven,
que aún espera.
La bandera blanca que no se ve,
/y las piedras que atormentan
el camino
ahogan cada grito que
el eco escondido
/expande
en cada rincón de la tierra,
en el oscuro,
en el profundo
en el lejano.
Y el joven suspira;
/y el joven llora,
y el joven anhela
/y las balas a un solo
pie de distancia,
/no se hacen esperar;
y los pétalos mueren
Y los sueños
también.


sábado, 24 de marzo de 2012

Quiero nunca tener que tenerte

La histeria (del francés hystérie, y éste del griego ὑστέρα, «útero») es una afección psicológica que pertenece al grupo de las neurosis y que padece el uno por ciento de la población mundial . Desde tiempos inmemoriales, es asociada a la mujer como el principal de los estandartes; porque desde la etimología del término es presentada como una enfermedad del útero; y entonces por ende, una patología privativa de la mujer con tratamientos tan diversos como el matrimonio o los electroshoks. 

Pero, ¿es en la batalla de los sexos la histeria un estigma femenino? En la sociedad actual, donde mujeres y hombres intentan llevar los mismos pantalones puestos; cargando con las mismas obligaciones, responsabilidades (tal vez el mal llamado "sexo débil" cargue un poco más) y derechos (en una inverosímil igualdad, esta vez discrepo y digo que son menos), la encarnación de la angustia contenida encuentra su manifestación en la histeria que se hace paso, por entre las relaciones de poder. Los vínculos afectivos establecidos, tornados en baumanianos, por su liquidez, su falta de compromiso, y devenidos en estrictas relaciones de poder, donde la dinámica de la competencia capitalista pareciera haber arribado al campo de la seducción; la histeria se presenta como una respuesta intelectual a una posible amenaza. Entonces, y seré insistente: ¿es la histeria teniendo en cuenta el avance de las mujeres en el ámbito laboral, social, económico, político; teniendo en cuenta que poco a poco estamos abarcando todos los flancos; una respuesta únicamente femenina?. Si es el reemplazo de lo simbólico frente a una posible amenaza, claramente el mundo masculino es quien más ha comenzado a hacer uso indiscriminado de la histeria como arma secreta, aunque muchas veces se torne indisimulada. 
La histeria es el "deseo de una falta". Deseo no tener éso que quisiera tener. Es la ambigüedad caminante en una sociedad en la que pareciera ser una obligación el tenerlo todo; en un mundo donde parafraseando a Don Eduardo Galeano: "(...) Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen (...)" 
La histeria nos acerca a una atávica humanidad, donde con el garrote debajo del brazo, escapamos a los más modernos sortilegios que prometen en millones de colores, sabores, sonidos, imágenes, y precios, sobre todo precios; llenar esa falta sin tal vez siquiera haber interpretado nuestra muda necesidad. Nos ayuda a aferrarnos a ella. Queremos la falta, porque en el deseo de alcanzar aquello que no tenemos ni sabemos si algún día llegaremos a tener, nos sabemos vivos. En el transcurrir del calendario, tendemos con alegría masoquista, y ahora añado existencial; a esperar nunca alcanzar lo que queremos. Que la carrera por el objeto de su deseo se extienda por siempre, éso es lo que busca el histérico, nunca saciar ese deseo, en la esperanza tal vez de mantenerse y sentirse vivo, y seguir nadando en los mares de un barro existencial. La histeria es la continuación de la incomplitud, es el reconocimiento de que no hay nada previsible, donde en la búsqueda está la satisfacción de que el camino no ha sido marcado...No se entonces hasta qué punto, más allá de la angustia, más allá del sufrimiento y la frustración; la histeria no sería el antídoto ideal contra el aburrimiento de una sociedad sistémica que gira en torno a la comodidad de lo que ya está preestablecido, envasado de antemano; la resistencia contra la tendencia a la posesión de un otro como si fuese parte de mi propiedad privada, la soga que nos colgamos del cuello para evadir alcanzar lo que deseamos profundamente por el simple hecho de divertirnos mientras seguimos buscando...

FRAGMENTO DE "LOLITA" DE NABOKOV: (estandarte de la histeria existencial por excelencia)
"(...) Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.(...)"