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sábado, 2 de julio de 2016

Enemigo. Plan Táctico y estratégico de poder

Una crítica aguda de la sociedad, una conspiración, y una historia cuyo final el público puede elegir son las claves para comprender en toda su dimensión a la obra, que inspirada en Ibsen, llevan el director chileno Nibaldo Maturana y su compañía La Horrorosa Banda Teatral a escena.  


Retomando al Enemigo del pueblo de Ibsen, y la historia del Doctor Stockmann, Nibaldo Maturana concibe “Enemigo. Plan táctico y estratégico de poder”. Quienes conspiran contra la supervivencia del planeta en esta ocasión,  son los integrantes de la corporación Save The Water, que apelarán a todos los recursos necesarios para convencer al doctor Stockmann de la imperiosa necesidad de sumarse al plan para exportar agua de marte y privatizar el suministro de agua en el  planeta. El público, tal como es usual en las obras de Maturana y al mejor estilo de la saga literaria de “Elige tu  aventura”, es partícipe necesario de la obra, porque al inicio es convocado mediante el voto a elegir un final entre los tres finales posibles ofrecidos, que será llevado a cabo por el actor invitado.
El papel de Stockmann, no está sujeto a guiones ni ensayos: la improvisación reina en cada escena en la que se reúne, después de una breve introducción conjunta, con cada integrante de Save The Water.  La interacción da entonces lugar a un sinfín de contradicciones en las que el espectador se ve envuelto desde el minuto uno: lo que impera es lo políticamente incorrecto, que en contraste con  la realidad cotidiana constituye la norma.



La dinámica es intensa y hay poco de lineal en el desarrollo de esta obra, en la que lo audiovisual es un componente esencial: una pantalla de video pende detrás del escenario y sirve de nexo y comunicación entre los protagonistas y  Hermes (Nibaldo Maturana), que los direccionará en virtud del plan siniestro.
Cada personaje rompe los códigos de lo correcto, barre los límites de lo absurdo y avasalla desde lo bizarro. La niña Boston, una superestrella de la canción (Helga Lís Ramos), su tío pederasta (Christian Nieves),  una militar demasiado hitleriana (Delfina Robles), Martín Fachatosta el inescrupuloso presidente electo que sostiene la mascarada de Save The Water en el país, y la principal representante de Hermes en la corporación: la “mujer máquina” (Majo de la Cruz); cumplen cada quien a su turno, con el principal objetivo de la misión: convencer a Stockmann y al público, de ser parte de la conspiración mundial.  
La religión, la ecología, el género y la violencia, la política, el trabajo infantil, los pueblos originarios, la esclavitud y el capitalismo, los medios de comunicación y la democracia, serán revisitados constantemente en esta mentira en la que los espectadores han consentido en participar.  La madurez con la que son abordados los distintos temas se combina con dosis extremas de humor negro, y lo grotesco domina imponiendo una mirada adusta a lo que comúnmente repelemos.
"En cada otredad hay un enemigo", parece rezar esta distopía alocada que conjuga cinismo, pensamiento crítico, humor y hasta pop que son administrados con inteligencia y picardía.   
¿Hay algo que realmente pueda elegirse? Aunque sin respuesta, las aproximaciones en torno a la pregunta, abundan en la sala donde Maturana azota dosis de verdad a la cara del espectador que, en una excelente oportunidad para repensarse, a cada instante se pregunta por qué puede reírse de lo que en realidad debería hacerlo llorar. 



FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA: 
Dramaturgia: Nibaldo Maturana.
Elenco: Nibaldo Maturana, Majo De La Cruz, Christian Nieves, Helga Lís Ramos, Delfina Robles, Santiago Negri.
Edición de video: Claudio Cabello.
Audiovisuales: Matias Romero.
Fotografía: Claudio Campi.
Diseño gráfico: Luis Arbit.
Asistencia de dirección: Jonatan Navarro Huertas.
Dirección de fotografía: Carlos Guerrero.
Peinados: Vixt Greenville.
Fanpage: www.facebook.com/events/1819390351616032.                                                                              
Dónde: Teatro El Cubo. Zelaya 3053.
Cuando: Domingo 3 de Julio.


miércoles, 20 de mayo de 2015

Femicidio basura #niunamenos

Por : Gabriela Cabezón Cámara

Tiradas a la basura, desgarradas, en pelotas: en la montaña asquerosa, un cuerpo como una cosa, como una cosa ya rota y que no sirve para nada, los restos del predador, la carne que le sobró de su festín asesino. Horas antes o después a la chica la buscaron la familia, los amigos, al final la policía y casi siempre la encuentra el que hace de la basura su trabajo cotidiano: un cartonero, el chofer de un camión recolector, alguien que anda por ahí. Después viene la ambulancia, le cambia la bolsa a blanca, se la llevan a la morgue y un auto lleva a los padres a ver si la chica es suya. Afuera espera la prensa: las cámaras y micrófonos buscando mostrarle al mundo el dolor más lacerante, la frase más torturada, la cara más arrugada por la angustia que la arrasa. Tiradas a la basura en la bolsa de consorcio: igual que se tira un forro, la cáscara del zapallo, los papeles que no sirven y los huesos del asado entre tantas otras cosas. Tiradas como si nada, como objetos de consumo que ya fueron consumidos. Agarrarlas, asustarlas, verlas rogar, desnudarlas, humillarlas, violarlas, después matarlas, meterlas en una bolsa, tirarlas a la montaña de restos de la ciudad. Ya terminó el predador. Seguirán la policía, los abogados, los jueces y las cámaras de TV: sigue la carnicería en una especie de show que explica los femicidios. Si la chica usaba short. Si tenía más de un novio. Si puso fotos en Facebook con boquita pecadora. Si salía mucho de noche. Si volvía a la mañana y tenía olor a whisky. Si estudiaba o no estudiaba. Si trabajaba de día o repartía tarjetas en la puerta de un boliche. Si era virgen. Si le gustaba enfiestarse. Si fumaba marihuana o sólo tomaba agua. Si tenía buenas notas o había repetido de año. Lo que dicen los amigos. Lo que piensan los vecinos. Lo que recomienda el cura que dirige la parroquia. Lo que supone un psiquiatra que va a la televisión. Lo que dice el movilero. Lo que supone la prensa. La idea que todos dicen sin terminar de decir: si la chica usaba mini y le gustaba bailar y si llevaba adelante su propia vida sexual según lo que le gustaba, era una trola y las trolas se la buscan y la encuentran. La construyen poco a poco como si fuera culpable: digamé, comunicador y digan sus audiovidentes, si una mujer joven tiene más de un novio o, peor, ninguno, y vuelve en pedo a las seis y salió en vestido corto, ¿Se está buscando la muerte? ¿Piensa que se la merece? ¿Usted cree que debería volver antes de las doce? ¿Vestirse con una burka e ir a misa los domingos? ¿Usted quiere que le pida permiso a algún buen señor para salir cuando quiere? ¿Que deje de salir sola? ¿Que piense lo que se pone porque si a un hijo de puta le parece algo indecente por ahí la hace pelota? Le pregunto más cortito: ¿Piensa que una chica es propiedad de algún muchacho y que si no tiene dueño pueden matarla tranquilos? ¿De verdad se siente bien eligiendo como elige la foto más provocativa para decir sin decir “la piba era una atorranta”, “los padres no la cuidaban”, “su vida no tenía rumbo”? Empieza una denigración, algo que está en la cultura, no digo que lo inventa usted, pero podría revisar la máquina de prejuicios que le salta cuando habla y cuando hablan los demás. Entre otras cosas se nota la puntuación del mercado: hay cuerpos que valen más y hay cuerpos que valen menos. Casta, rica y estudiosa vale más que pobre y trola pero todas valen menos que el cuerpo del matador que es la manifestación extrema de este estado de las cosas: buena parte del planeta cree, a veces sin saberlo, que cosas somos nosotras. Pobres cosas, poca cosa, algo que se usa y se tira, nada de bienes suntuarios, muñecas que se descartan como globos ya pinchados. Es como canibalismo. Es una bestialidad. Piensen un poco, señores, piensen también las señoras y sientan un poco más: somos sus madres, sus hijas, sus hermanas, sus esposas, sus amigas, sus amantes, sus novias. Somos más de la mitad del mundo que hacemos juntos. No insumos a descartar. 





sábado, 27 de julio de 2013

Una sonrisa màs, una historia menos

Para ella no había mucho que entender; la historia se la sabía de memoria: “Chico bueno conoce a chica buena”. Ella tiene muchos problemas de autoestima, siente que su mundo es infinitamente inabarcable, que las ciudades y los rincones se le vienen encima, que no hay espacio para ella, que no es lo suficientemente linda, o agraciada, o inteligente, o simplemente que no es suficiente. Él al principio intenta ayudarla, pero después su posición de príncipe azul de cuento hace que se acomode en el trono y que le sea cómodo que ella se sienta así, porque de esta manera el único lugar seguro para ella será el de su reino, y así la princesa que no es princesa; que por las noches se siente guerrera y sueña hasta despierta con hacer la revolución, cumple el papel a la perfección durante mucho, mucho tiempo; tanto que se olvida de contar cuántos años tiene.
Mientras cumple el papel, cocina tartas y las pone en la ventana y ansía que los pajaritos de Blancanieves la visiten. Los muebles brillan, los pisos también; se calza el portaligas de noche, y el pañuelo en la cabeza de día; y se pone una venda invisible en los ojos que le cubre el dolor del saber que no puede llegar a ser.
Algo la perturba, le hace ruido, cuando lo besa, cuando lo abraza, hay algo que siente que no está bien, que no va más; que ya no le pertenece. La incompletitud es constante, y en el letargo agónico de cada abrazo la “petit morte” de los franceses se ausenta, y concurre en su ausencia el llanto que le brota por cada palabra que no pronuncia.
Es un sentimiento doloroso pero placentero el idear el escape, todas las noches pensándolo como si estuviese en Guantánamo y el hilo del que todos los sentimientos penden no fuese invisible y se hiciese insondable. Es un escape sin destino, un destino de esos sin final; en los que no hay un nudo o un desenlace que le de coherencia a la historia, es un correr desesperada por las calles como huyendo de esas pesadillas en las que sueña que de verdad como él le dice no hay nadie que la vaya a poder querer.
Es la Ana de una Lispector (1) que despierta esta vez, que se escucha, y que ya simplemente no lo soporta, y cuando siente haber encontrado tristemente “la raíz firme de las cosas” necesita cambiar.
Ya no tiene sentido hacer una genealogía del llanto, ya no tiene sentido desangrarse sola en un mar de lágrimas; lo que necesita ahora es hablar. Y entonces habla.
El príncipe nada entiende, siempre la princesa fue muda, y como si el celuloide fallara, la cinta empieza a proyectarse la mitad en color sepia y la mitad en colores; las onomatopeyas y las frases subtituladas son reemplazadas por risas que se oyen, por voces que se escuchan. La película es un quilombo, no es de esas pochocleras sencillas que se ven en una tarde de lluvia. Para digerirla no alcanza ni un seminario de Fassbinder, no alcanzan días, no hay lógica diacrónica posible y la coherencia cinéfila se desmadra.
En la historia que como dije me sé de memoria, los personajes ya no comparten el mismo guión. Él quiere que ella diga lo que solo él quiere escuchar; y cuando se da cuenta que en lugar de frases vacías la casa se repleta de deseos y de intenciones, que se alejan un poco de las tartas, los pájaros, los muebles, el perro y los hijos se decide a dejar de escucharla.
Ella intenta entonces por todos los medios posibles hacerse escuchar; le escribe notas que nunca lee, le manda correos que nunca recibe y van a parar a la casilla de “spam”, acepta que le brinde como si fuese turnos para el dentista días en los que supuestamente van a hablar; pero nunca basta.
Ella sigue creyendo en el amor, en ese amor que desde pequeña imaginó iba a poder brindar, ese de sábanas arremolinadas, risas constantes, ese que le inspiraba tantas películas, el que oía en los boleros, pero de a poco duda que se parezca a eso que tienen. Sin embargo, durante un par de años lo intenta. Intenta el borrón y cuenta nueva mil y una noches con sus respectivos días. Lo intenta con rodajas de papa en los ojos para que el almidón le borre la hinchazón, lo intenta arremangándose menos para que nadie le note los magullones, lo intenta inventando excusas para obviar lo que le molesta; hasta que el príncipe que seguía en príncipe se convierte en una bestia; en un ser que nunca pensó iba a llegar a conocer; en alguien que se parecía más al hijo de puta de sus pesadillas en color que al galán de color sepia.
Cuando la bestia aparece lo hace a escondidas, nadie sabe detrás de esa sonrisa lo que se oculta, y como por arte de magia lo peor se lo reserva para cuando nadie más puede observarlo. Ya no le sirve el juego; y tiene que volver a jugar sus cartas; cartas que si hace falta va a marcar.
Cual ruleta rusa, es a todo o nada; lo que se juega es cómo sigue la historia.
Ella decide. Decide bien, y cuando la bestia se hace visible y hasta en público le enseña los dientes que antes le sonreían, ella sabe que es tiempo de escapar, y se va lejos, no tan lejos, donde nunca la pueda encontrar en la búsqueda de alguien que le diga que es mentira que no la van a poder querer para empezar de una vez a rodar la película de su vida.

"Amor" (fragmento)- Clarice Linspector

"En el fondo, Ana siempre había tenido necesidad de sentir la raíz firme de las cosas. Y eso le había dado un hogar, sorprendentemente. Por caminos torcidos había venido a caer en un destino de mujer, con la sorpresa de caber en él como si ella lo hubiera inventado. El hombre con el que se había casado era un hombre de verdad, los hijos que habían tenido eran hijos de verdad. Su juventud anterior le parecía tan extraña como una enfermedad de vida. Había surgido de ella muy pronto para descubrir que también sin la felicidad se vivía: aboliéndola, había encontrado una legión de personas, antes invisibles, que vivían como quien trabaja con persistencia, continuidad, alegría. Lo que le había sucedido a Ana antes de tener su hogar ya estaba para siempre fuera de su alcance: era una exaltación perturbada a la que tantas veces había confundido con una insoportable felicidad. A cambio de eso, había creado algo al fin comprensible, una vida de adulto. Así lo había querido ella y así lo había escogido. Su precaución se reducía a cuidarse en la hora peligrosa de la tarde, cuando la casa estaba vacía y sin necesitar ya de ella, el sol alto, y cada miembro de la familia distribuido en sus ocupaciones. Mirando los muebles limpios, su corazón se apretaba un poco con espanto"(...)

Cuento completo: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/por/lispec/amor.htm