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viernes, 1 de mayo de 2015

Una intrusa en el BAFICI

Solapada entre hypsters con camisas rayadas al grito de si han visto la última de Xavier Dolan y críticos que exhibían su acreditación plastificada pendiendo de su pecho con un cordón rojo como los gladiadores la cabeza de un león,  y se despanzurraban en los asientos que conseguían en las primeras filas de la sala (esos que dan tortícolis de novela) que alcanzaban a ocupar por llegar tarde para no dejar de ser una celebridad, me sumergí en el BAFICI 2015.

La cartelera que ofrecía un menú de tenedor libre para todos los gustos, con de todo como en galpón, iba desapareciendo como en los cartelitos del aeropuerto cuando se cancela un vuelo. Aquellas figuritas difíciles del álbum por las leyes de la oferta y la demanda, y por la ley de ventaja de otros son las que primero desaparecieron.
Como para muestra sobra un botón: dos botones bien distintos, como si mirara para pispear por una hendija de la ventana para ver al vecino, aquí un pantallazo del Festival de Cine de Buenos Aires.


Sleepless in New York: (2014)

Parafraseando a Nora Ephron y su bellísimo clásico "Sleepless in Seattle" con la dupla preferida del Hollywood noventoso (Meg Ryan/Tom Hanks), Christian Frei dirige este documental en la búsqueda de una de las preguntas más antiguas de la Humanidad: ¿es el amor tan poderoso como para matar? 
Si Freddy Mercuri viviera nos advertiría en efecto que "Too much love will kill you": el amor sí puede matarnos. 
En épocas donde las redes nos enredan, el amor, en el más atávico de los sentidos pareciera ser lo único que no es atravesado por las contradicciones del tiempo y, para probarlo,  Frei convocó a una antropóloga (Helen Fisher) con el objetivo de partir de una investigación sobre las respuestas neurológicas frente al desamor al intento de una conclusión que acerque tal vez al entendimiento de por qué es tan difícil superar una separación.
La investigación que dará marco al documental, rastreará en las historias de Rosey la Rouge una artista de varieté, Alley Scott una diseñadora de ikebana, y Michael Hariton la voz masculina del filme que contarán al estilo reality cómo continúa la vida sin el otro.
Patética hasta la risa por momentos,  elocuente e hilaraz, mordaz e introspectiva, la película se deja ver. Tal vez por transferencia, el espectador puede identificarse en muchas de las escenas y ser en la icónica New York, un insomne más. 

Sleepless in New York site



Villa Amalia (2009)

Dirigida por Benoît Jacquot. y protagonizada por Isabelle Huppert, que estaba presente en la sala, la película retrata la historia de una mujer intensamente almodovariana, al abismo de un ataque de nervios.
Con un padre inexistente en su línea de tiempo, un marido infiel, amigos demandantes, y una carrera como compositora que pierde su eje, la película con su hora y 42 minutos de duración podría haber resultado interesante. Sin embargo, a pesar de la extraña calificación que decidió darle Huppert en el intercambio con el público antes de comenzar el filme (dijo que era una película "accesible"), la película es un monumento fílmico al tedio. Las escenas son previsibles, los diálogos casi inexistentes porque Ann su protagonista debe guardar ese halo de misticismo hasta el final, y la música que podría haberse destacado dada la profesión de su personaje principal solo exhorta más el ambiente tenso y soporífero.
La fotografía es destacable: obnubilan los paisajes de "Villa Amalia" rodada en los paisajes bohemios de Francia, Italia, Suiza y Bélgica, culminando en el paraíso secreto de Ann en la isla de Barano d´Ischia, donde la atención del espectador sucumbirá tan profundamente como las aguas de su océano.
 
Villa Amalia

TRAILER: www.youtube.com/watch?v=J_r7hAk5HK0



Destacable la labor de Federico Ransenberg, en la muestra "Juguetes de Cine" del Centro Cultural Recoleta, diseñados para inspirar los cortos institucionales de BAFICI de Sergio Wolf. 
También impecable, la muestra de Monicelli y Rap, con motivo del aniversario número 100 de Monicelli, curada por su esposa, la artista Chiara Rapaccini.














sábado, 18 de octubre de 2014

Minitas mode on

¿Por qué John McClane después de ver que su mujer lo abandona puede estar pendiendo de la torre de Nakatomi y de cuanto edificio se le cruza, puede coserse las heridas de la pierna con alambre, y caminar rengo salvando la ciudad disparándole a rusos y japoneses; y Kate no puede evitar el someterse a un viaje en avión, con lo mucho que teme a volar, a un lejano París sin saber una palabra de francés, donde le roban todo su dinero y es humillada vilmente en un restaurant repleto de gente cuando su novio decide que ya no la ama?
Desde el cine pareciera confirmarse aquello que desde el sentido común se sugiere un biologicismo: las mujeres amamos demasiado, sufrimos y padecemos, en palabras de una empeñada en la idea de que es ridículo ya no volver a verlo Montero: “excesos de idealización”. 
La transición es anómala. Las cuotas de dolor, llanto, insomnio, toneladas de chocolate, Alplax y hambre, quedan sujetas a la evaluación de la portadora del ex príncipe devenido nuevamente batracio.  
Mientras tanto, y dado que la intención de la autora no es escribir una nota al estilo “Sex and the city”, repasaremos ejemplos de esas películas que en el meanwhile nos aportan un mapa en la búsqueda; todas ellas protagonizadas por la reina de las películas románticas, (sí! Adivinaron, es Meg antes del botox Ryan). 

“Cuando Harry conoció a Sally” (1989)

Cuando se conocieron, su historia cambió los parámetros de más de un Harry. Las Sallys se vieron envueltas por un remolino de confesiones de mejores amigos que decidieron que dadas las circunstancias, la amistad entre el hombre y la mujer sí debía ser un imposible, y que ya carecía de todo sentido el buscarle la excepción a la regla. Protagonizada por Billy Crystal y guionada por Nora Ephron, los diálogos fluyen con hilarante naturalidad entre orgasmos que se fingen en público y confesiones que se multiplican en cada escena. La más memorable, aquí a continuación, corre por cuenta de la casa.
Harry: - “Amo que tengas frío aunque estemos a 24 grados. Amo que te tome una hora y media ordenar un sandwich. Amo la arruga que se forma sobre tu nariz cuando me miras como si estuviera loco. Amo que después de pasar un día contigo, mi ropa conserve el olor de tu perfume. Y amo que seas tú la última persona con la que quiero hablar antes de dormir. Y no es porque este sólo, y no es porque sea la víspera de Año Nuevo. Vine aquí esta noche porque cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien, quieres que el resto de tu vida empiece lo antes posible”.



“Sleepless in Seattle” (1993)

Horriblemente traducida como “Algo para recordar” o lo que es peor “Sintonía de amor”, merece un lugar en el podio. Con 2 nominaciones al Oscar, es la historia de un viudo e insomne Tom Hanks y su hijo Jonah. Es Navidad y Jonah llama a la radio, su padre no duerme en Seattle, necesita pedirle a Santa una novia para su papá. Annie está en Baltimore, pero a pesar de la distancia escucha el llamado y no puede evitar sentir esa señal que le dice que Walter su prometido no es con quien debe casarse. De todas las películas, es esta la que de manera más masoquista nos alienta a completar esos puntos suspensivos de los que hablábamos. El tipo está en Seattle y tiene un hijo. Tal vez podría ser un psicópata. Ella está en Baltimore, a punto de casarse, pero necesita sentir esa “magia” que vio tantas veces en las películas, con Cary Grant en el Empire State en “Algo para recordar” (“An affair to remember”: aunque tampoco vale la traducción). Otra vez Nora Ephron y un guión que se adapta a cada una de nosotras y nuestros insomnes de Seattle y más acá.


“Tienes un e-mail” (1998)

Kathleen y Joe aún no son víctimas del “visto” en Facebook, pero no paran de clickear en el “inbox”. Cada correo electrónico es un antes y un después en el día que les espera, cada uno en sus ocupaciones. Lo que desconocen, es que fuera del ciberespacio se han conocido y detestado. Joe es dueño de la librería comercial que le está arrebatando la tienda de libros infantiles que le legó su madre, y con ella sus sueños. La librería que Joe Fox monta frente a su tienda es sinónimo de la despersonalización, del consumismo, y de todo aquello que a Kathleen no le interesa y que nada tiene que ver con aquel hombre que detrás del cursor titilando empezó a adorar. El filme es una invitación a la reflexión: en cada click se nos escapa un segundo compartido en el intento de evadir el paralizarnos ante el estupor que nos produce el encuentro, el desencanto, el desamor, el miedo, que son las delicias que en realidad nos llevan a sentir lo que nos hace humanos.



Estas son algunas ilustraciones de lo que nunca será auténtico, las fotografías de una pretensión disparatada, el tipo ideal de una caricatura funcional a la neurosis, que sin embargo pañuelo en mano y amiga al teléfono, se han convertido en un clásico que acude a la calma del deseo de ser mucho más que uno en un mundo donde cada vez más se nos enseña a la distancia a relacionarnos por separado.