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miércoles, 20 de mayo de 2015

Femicidio basura #niunamenos

Por : Gabriela Cabezón Cámara

Tiradas a la basura, desgarradas, en pelotas: en la montaña asquerosa, un cuerpo como una cosa, como una cosa ya rota y que no sirve para nada, los restos del predador, la carne que le sobró de su festín asesino. Horas antes o después a la chica la buscaron la familia, los amigos, al final la policía y casi siempre la encuentra el que hace de la basura su trabajo cotidiano: un cartonero, el chofer de un camión recolector, alguien que anda por ahí. Después viene la ambulancia, le cambia la bolsa a blanca, se la llevan a la morgue y un auto lleva a los padres a ver si la chica es suya. Afuera espera la prensa: las cámaras y micrófonos buscando mostrarle al mundo el dolor más lacerante, la frase más torturada, la cara más arrugada por la angustia que la arrasa. Tiradas a la basura en la bolsa de consorcio: igual que se tira un forro, la cáscara del zapallo, los papeles que no sirven y los huesos del asado entre tantas otras cosas. Tiradas como si nada, como objetos de consumo que ya fueron consumidos. Agarrarlas, asustarlas, verlas rogar, desnudarlas, humillarlas, violarlas, después matarlas, meterlas en una bolsa, tirarlas a la montaña de restos de la ciudad. Ya terminó el predador. Seguirán la policía, los abogados, los jueces y las cámaras de TV: sigue la carnicería en una especie de show que explica los femicidios. Si la chica usaba short. Si tenía más de un novio. Si puso fotos en Facebook con boquita pecadora. Si salía mucho de noche. Si volvía a la mañana y tenía olor a whisky. Si estudiaba o no estudiaba. Si trabajaba de día o repartía tarjetas en la puerta de un boliche. Si era virgen. Si le gustaba enfiestarse. Si fumaba marihuana o sólo tomaba agua. Si tenía buenas notas o había repetido de año. Lo que dicen los amigos. Lo que piensan los vecinos. Lo que recomienda el cura que dirige la parroquia. Lo que supone un psiquiatra que va a la televisión. Lo que dice el movilero. Lo que supone la prensa. La idea que todos dicen sin terminar de decir: si la chica usaba mini y le gustaba bailar y si llevaba adelante su propia vida sexual según lo que le gustaba, era una trola y las trolas se la buscan y la encuentran. La construyen poco a poco como si fuera culpable: digamé, comunicador y digan sus audiovidentes, si una mujer joven tiene más de un novio o, peor, ninguno, y vuelve en pedo a las seis y salió en vestido corto, ¿Se está buscando la muerte? ¿Piensa que se la merece? ¿Usted cree que debería volver antes de las doce? ¿Vestirse con una burka e ir a misa los domingos? ¿Usted quiere que le pida permiso a algún buen señor para salir cuando quiere? ¿Que deje de salir sola? ¿Que piense lo que se pone porque si a un hijo de puta le parece algo indecente por ahí la hace pelota? Le pregunto más cortito: ¿Piensa que una chica es propiedad de algún muchacho y que si no tiene dueño pueden matarla tranquilos? ¿De verdad se siente bien eligiendo como elige la foto más provocativa para decir sin decir “la piba era una atorranta”, “los padres no la cuidaban”, “su vida no tenía rumbo”? Empieza una denigración, algo que está en la cultura, no digo que lo inventa usted, pero podría revisar la máquina de prejuicios que le salta cuando habla y cuando hablan los demás. Entre otras cosas se nota la puntuación del mercado: hay cuerpos que valen más y hay cuerpos que valen menos. Casta, rica y estudiosa vale más que pobre y trola pero todas valen menos que el cuerpo del matador que es la manifestación extrema de este estado de las cosas: buena parte del planeta cree, a veces sin saberlo, que cosas somos nosotras. Pobres cosas, poca cosa, algo que se usa y se tira, nada de bienes suntuarios, muñecas que se descartan como globos ya pinchados. Es como canibalismo. Es una bestialidad. Piensen un poco, señores, piensen también las señoras y sientan un poco más: somos sus madres, sus hijas, sus hermanas, sus esposas, sus amigas, sus amantes, sus novias. Somos más de la mitad del mundo que hacemos juntos. No insumos a descartar. 





miércoles, 6 de mayo de 2015

Mentira la verdad: un siglo de Orson Welles

Hace 100 años nacía Orson Welles, el genio detrás de "Citizen Kane". Enemistado con Hollywood después del fracaso de su ópera prima, cumpliría hoy un siglo de rebeldía, contradicciones y una vida entera cultivando el misticismo.
Como un rockstar con caprichos de prima donna, luchaba contra la mediocridad hollywoodense, buscando distinguirse entre tantos directores, que parecían ser cortados por la misma tijera. 

"Todo en mí es una contradicción, al igual que en cualquier otra persona. Estamos hechos de oposiciones, vivimos entre dos polos. Hay un filisteo y un esteta en cada uno de nosotros, un asesino y un santo. Los polos no se reconcilian. Simplemente se reconocen". 

En el intento  de alejarse de algún imaginario punto medio aristotélico y de las historias comunes, sostenía que: "Una película nunca es realmente buena, a menos que la cámara sea un ojo en la cabeza de un poeta".
En 1938, trasmitió en forma de radioteatro la lectura de la novela: "La guerra de los mundos" de H.G.Wells, intercalando boletines informativos que despistaron a quienes acostumbrados a escuchar los clásicos que leía Welles al aire (como el "Drácula" de Stoker, o las "20 mil leguas de viaje submarino" de Verne) sucumbieron al pánico y la desesperación. 

La transmisión de la novela de Wells, con el drama acompasado en los cortes al vaivén de "La cumparsita" y "Polvo de estrellas" (desde la concepción de Welles la transmisión del programa se realizaba desde el Hotel Meridian, y la música era interpretada por su orquesta), fue seleccionada específicamente por ser 30 de octubre: la víspera de Halloween; y, más allá de notificar a la audiencia al principio de su programa, de que lo transmitido era parte de una ficción, las crónicas del día siguiente decían que el horror causado por el radioteatro de Welles había generado embotellamientos, accidentes de tránsito, avalanchas humanas, agolpamientos frente a comisarías, hospitales e iglesias, además de suicidios, abortos e infartos.

La anécdota, sirvió como objeto de estudio de la comunidad científica norteamericana, por la reacción provocada por el público: ¿constituían los oyentes del programa una masa de estúpidos, o los medios de comunicación podían alcanzar tal grado de manipulación de la información?

Planteado el interrogante, la autora se reserva la que cree es su respuesta, e invita a pensar:  ¿qué hubiera pasado hoy si el desembarco de marcianos se hubiese transmitido desde las redes sociales, o desde un canal opositor o desde un canal oficial? 

Mientras tanto, pueden compartir aquí el audio de la genial transmisión de Welles, que 77 años después, nos interpela y moviliza a la reflexión: