Debates sostenidos y no tanto, actualidad descontracturada, (neologismos por supuesto), informes que buscan desinformar y algunas delicatessens que hacen de nuestra existencia algo más que un paseo con el ticket de regreso.
Mostrando entradas con la etiqueta mujer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mujer. Mostrar todas las entradas
domingo, 3 de mayo de 2015
Entonces concha
Etiquetas:
#MISCELANEA,
amor líquido,
concha,
cuerpo,
Entonces concha,
femenina,
feminismo,
LITERATURA.,
Luz García,
matrimonio,
mujer,
patriarcado,
POESÍA.
martes, 24 de febrero de 2015
Salir con chicas que no leen
Segunda entrega de #Miscelánea: "Salir con chicas que no leen": Pro y contra de salir con chicas amantes de las letras.
¿SALIR CON CHICAS QUE NO LEEN/SALIR CON CHICAS QUE LEEN?
"Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo continuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. "
![]() |
| Lámina José Villanueva - "Las tres edades de la mujer" |
Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
El artículo se publicó en la edición online de la revista colombiana "El Malpensante": http://www.elmalpensante.com/articulo/1904/salir_con_chicas_que_no_leen_salir_con_chicas_que_leen.
Etiquetas:
#MISCELANEA,
Charles Warnke,
estereotipo,
Hemingway,
lectura,
LITERATURA.,
mediocridad,
mujer,
pasiones,
Revista El Malpensante,
Woolf
domingo, 4 de marzo de 2012
De carne somos
Basta con googlear la palabra MUJER, para darse cuenta de aquello que notamos las féminas diariamente en el acontecer de nuestra cotidianeidad: las mujeres estamos hoy día condicionadas a ser aquello mismo de lo que fuimos sinónimo otrora. La mujer es quien sin importar cuántas peripecias haya tenido que sortear a través de la historia, sigue siendo la segunda protagonista detrás del galán en la novela trágica de todos los días. Es ella quien sin importar cuántos siglos le haya tomado derribar los prejuicios, desde los que ponían en duda sus capacidades (algunos hasta científicamente fundamentados que decían que poseía un coeficiente intelectual inferior o igual al de los animales), hasta los insignificantes que impedían que llevase a cabo las cosas más mundanas, como usar un pantalón, cortarse el pelo, fumar, hacer trabajos no domésticos; pareciera no haber conseguido borrar del todo las huellas de la aparente desigualdad.
La mujer se enfrenta en la actualidad, como siempre acompañando los cambios sociales y las concepciones sociales de cada momento, a un gran desafío; que es el de derribar y luchar combativamente contra la gigante contradicción que atraviesa de momento. Por un lado, aunque subsisten hoy día lamentables ejemplos de sometimiento femenino donde no son respetados los principios de igualdad y no discriminación (el mundo árabe con las aberrantes doctrinas del Islam es entre otros muchos, el más cruel de los ejemplos) y aunque aún haya escalas en la jerarquía laboral que parecieran no haberse adaptado aún al ingreso de la mujer al mercado laboral (y se empeñen en no respetar los más básicas derechos como los de licencia de maternidad, permiso de lactancia y otros tantos que ya deberían saberse adquiridos); podríamos decir que las conquistas en los más diversos ámbitos acompañan el crecimiento del rol de la mujer en la sociedad. Hay mujeres en el ámbito de la política; las hay en el mundo de la economía, en las artes, en los negocios, hay mujeres en las fábricas, en la guerra, hay mujeres policías; y todo esto gracias a dios pareciera una obviedad.
La pregunta sería entonces; ¿por qué si ya se supone a través de la historia ya hemos probado que podíamos superarnos y podíamos ejercer nuestro derecho a elegir; de elegir si queremos a una persona con quién compartir nuestros días, con quién tener hijos, si tener hijos o no, si trabajar o no, elegir la profesión que queremos desarrollar, el trabajo con el queremos subsistir, con quién queremos dormir, por qué si accedimos al control de nuestra sexualidad, al control de nuestras vidas; pareciera ser que se empeñan por relegarnos nuevamente al ámbito doméstico, a cuidar del hogar y a tener hijos como si fuéramos incubadoras de nuevos seres humanos?; y más importante; ¿por qué algunas mujeres se ubican en la otra alternativa que nos depara el aún aparentemente e indisimulado reinante mundo machista exhibiéndose como objetos, como únicas poseedoras de un cuerpo que lucen creyendo liberarse y que es en definitiva funcional a la intencionalidad del hombre de mostrar al mal llamado "sexo débil" como un objeto?.
La cosificación de la mujer es constante; y es desde ya, funcional a la sociedad de consumo capitalista. La mujer sirve para vender: es sexo, es moda, es moda para tener sexo, se engaña desde la publicidad a las mujeres mostrando supuestos modelos perfectos de superficialidades inalcanzables, y se las apabulla desde que se levantan hasta que se acuestan. Lo inalcanzable se les impone desde las marcas; por supuesto debe ceder al consumo para poder alcanzarlo; así para ser de determinada forma tiene que ejercitarse con tal aparato, comer tal yoghurt, usar tal maquillaje, vestir tal diseñador, y la lista es eterna porque en tanto y en cuanto haya mujeres que se valgan de su exterioridad como único arma y argumento para alcanzar la felicidad, más serán las cosas que deba obtener y que se le vuelvan hostiles.
El sexo es otra de las herramientas de las que se valen algunas mujeres para mostrarse independientes. La tv da asco. Está lleno de ello, y me temo que está inundando las revistas y los diarios. Hay culos como dijera cierto personaje de Capussoto, hasta para vender cepillos de dientes; culos perfectos y turgentes para venderte un seguro para el auto... Es paradójico; usan el cuerpo como arma de liberación y a la vez como medio de producción pero no son en esta lamentable transacción las verdaderas dueñas; porque están alienadas. El cuerpo no es suyo: es un objeto, objeto del deseo de aquellos de quienes pretenderían liberarse.
¿Dónde residiría el peligro de que las mujeres no sean más un habitante de la casa con una escoba en la mano y los chicos corriendo alrededor? ¿Qué pasaría si solo nos abocáramos a utilizar nuestras energías en ir por aquello que nos falta y para trabajar un poco por aquellas que no gozan los derechos que ya disfrutamos algunas pocas? ¿No será por éso que constantemente las propagandas cuyos productos son destinados al segmento femenino sólo muestran mujeres embarazadas o paseando el perro? Nunca ví una propaganda de cosméticos o de yoghurt mostrando una operaria; como en su momento la sociedad no reivindicó en la historia a las mujeres bolcheviques que lucharon por sus derechos, o las mujeres que lucharon a la par de los hombres en las guerras de las independencias latinoamericanas, por mencionar solo algunos ejemplos de miles.
Es importante, al menos sería trascendental que nos cuestionáramos cuál es el rol que actualmente estamos encarnando en la sociedad, y cuál es el rol que queremos dejarle a las generaciones futuras. La mujer debe ir por más, aún hay miles que se ven acalladas, sometidas a tratos injustos, condenadas a trabajos precarios, muriendo en la práctica del aborto por no poder ejercer uno de los que debieran ser el más legítimo de los derechos. Es hora de dar un giro y asumir el protagonismo, porque nacimos para ser protagonistas de la historia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


